Y
alguien me agarró el brazo por detrás, haciéndome girar
bruscamente. Mis ojos se encontraron con los verdes de él, y vi que
los suyos brillaban con intensidad. Soló un suspiro de alivio y me
atrajo hacia sí, para abrazarme...
De
pronto noté sus labios a escasos centímetros de los míos. Cuando
quise preguntarle a Harry qué diablos hacía, él me lo impidió,
haciendo que nuestras bocas se tocaran. En medio de toda la
confusión, noté que sus manos se entrelazaban tras mi nuca, y que
me apretaba la cabeza contra la suya.
Oí el
gritito ahogado que soltó Lucía, acompañado de los murmullos del
resto. Pude ver por el rabillo del ojo a Lucía, en el hueco de la
puerta, mirándonos, con la boca abierta y los ojos echando chispas.
Bien de dolor o envidia. Vale, genial, a ella le gustaba Harry.
De
pronto me encontré a mí misma preguntándome qué diría Louis, y
en seguida me avergoncé. ¿Por qué iba a pensar nada él?
*Narra
Clara *
Iba
caminando por la residencia a la que acababa de trasladarme. Yo era
española, aunque había vivido muchos años en Inglaterra. El año
pasado volvimos a España, por motivos de trabajo de mi padre, pero
yo quería volver, al igual que mi madre. Alcé la vista y ladeé la
cabeza hacia la derecha. Vi a un grupo de gente ante la puerta de una
de esas casas de esta residencia que a mí me habría encantado que
me tocara; de dos pisos, con jardín. Un pequeño chalé.
Estreché
los ojos, con una punzada de envidia, y entonces lo vi.
Una
cabeza rizada de cabellos castaños. Ese perfil que me había
fascinado desde la primera vez que lo vi. Esa camiseta que llevaba
desde hace años, y que por lo visto seguía usando.
Harry.
Un dolor me recorrió el cuerpo. Había estado enamorada de él. Y él
de mí. Habíamos salido...
En ese
momento estaba abrazada a una chica, a la que le caía el cabello
liso y rubio sobre los hombros, algo enredado. Era alta y delgada, y
Harry... estaba besándola.
Sabía
que eso era normal. Ninguna persona se enamoraba solo de una chica en
toda su vida. Él podía haber besado a miles de chicas en aquel año
y medio, pero no pude reprimir una punzada de rabia.
Casi
sin voluntad propia, me acerqué al grupo en el que estaba Harry.
Pude observar que cerca de él había otro chico, que miraba la
escena con incredulidad, y que estaba tieso. En el umbral de la
puerta de entrada había cuatro chicas; tres castañas y una rubia.
La rubia miraba con la boca abierta de par en par a Harry y a la otra
chica. Las de pelo castaño parecían claramente incómodas, y
apartaban la vista.
El beso
de Harry en realidad fue corto, sólo de unos segundos, pero mi
cabeza trabajaba a toda prisa, y sentía un nudo en la garganta. A mí
se me hizo eterno.
La
rubia se separó de él bruscamente, y retrocedió, casi asustada.
Miró a su alrededor y luego a Harry, negando con la cabeza. El otro
chico se había apartado de la que Harry había besado, y me pareció
que ésta evitaba mirarlo. Debería haberme ido en vez de haberme
quedado ahí como una tonta a mirar, pero pensé esto demasiado
tarde...
-¡Harry!-
la voz venía de dentro de la casa. Vi a un chico moreno, de
facciones delicadas, pestañas largas y nariz afilada salir de la
casa; Zayn. Señaló hacia donde yo estaba, y vi como Harry se
giraba. Quise echar a correr, pero habría quedado fatal. Sólo me
quedé ahí, sin apartar la cara, mientras veía como Harry se ponía
tieso.
*Fin de
la narración*
Con al
cabeza todavía zumbando, y los labios calientes por el contacto con
Harry, seguí la dirección de la mano de Zayn.
A unos
doscientos metros había una chica de nuestra edad, de pelo castaño,
ojos verdes, piel de un tono tostado que deseé tener. No era tan
alta como yo, pero tampoco baja, y no demasiado delgada. Estaba ahí
parada, mirándonos... no. Mirando a Harry. Y Harry la miraba a ella,
con los ojos verdes muy abiertos. ¿Qué diablos?
-Harry...
¿esa no es Clara, tu ex?- estaba preguntando Zayn.
-Sí,
es ella- gruñó Harry.
-Vamos
a llamarla, para que se venga- Zayn ya había colocado las manos a
modo de bocina, pero Harry puso una expresión alarmada, y le siseó:
-No,
Zayn no quiero...
-Venga
ya, no seas bebé hijo. Eso ya está superado- se apartó de Harry-.
¡Clara! Ven anda.
Clara
re removió, y ladeó la cabeza, confusa. Pero avanzó finalmente
hacia nosotros.
-Hola-
murmuró, tirando de los mechones castaños, incómoda.
-Cuánto
tiempo, ¿fuiste a España?- preguntó Zayn, con una sonrisa, que
contrastaba con el rostro contraído de Clara.
-Sí,
nos fuimos allí. Pero sólo para un año.
-¿Qué
tal todo? ¿Vas a entrar en la universidad?
-Pues
muy bien. Sí, voy a entrar en esta. Y me alojo desde hace unos días
en la residencia.
-Anda,
estas chicas también.
-¿Son...
amigas?- me fijé en que no pudo evitar mirarme con recelo, y me
sentí culpable por unos segundos; ésa era la ex de el chico al que
acababa de besar... no. Me había besado él.
-Sí.
Bueno, en realidad más amigas de Harold. Conoció a Blanca- me
señaló-, en la panadería de su madre. Y nos las presentó. Te
caerían bien. Todas.
Clara
alzó una ceja, pero no dijo nada.
-Y
éstos son Niall, Liam... y a Louis ya le conociste una vez, ¿verdad?
-Sí.
Hacía mucho, Louis- se volvió hacia Niall y Liam, que estaban en el
hueco de la puerta; Liam toqueteando distraídamente el pelo de
Camila. Y niall poniendo caras raras que casi me arrancaron una
carcajada-. Encantada, soy Clara.
-Bueno...
ya que estás aquí... y Blanca ha aparecido- intervino Noe,
mirándome significativamente, a lo que respondí bajando la cabeza-,
¿por qué no pasas?
Harry
se removió, pero Louis le dio un codazo.
Clara,
encogiéndose de hombros, entró en la casa tras Noe, Camila, Nerea,
Liam, Niall y Zayn. Sin saber muy bien por qué, quería evitar
encontrarme con las miradas de Louis y Harry, y dejé que entraran
antes. Lucía estaba sentada en el escalón de entrada, con la cabeza
apoyada en las manos, y con cara de enfurruñada.
-Lucía...
-¿Te
ha gustado?- tenía la voz tensa, y noté que se contenía. Tragué
saliva-. El beso, de Harry. Parecías muy a gusto.
Noté
como un calor me encendía las mejillas. ¿Por qué la tomaba
conmigo? Harry no era su novio, ni yo había querido besarle.
«Pero
te ha gustado»
susurró una voz pícara en mi cabeza.
Agité
la mano, como si pudiese apartar así la vocecilla.
-¿Por
qué dices eso?- repliqué, indignada-. ¿Celos?
Entonces
me miró, con los ojos verdes echando chispas. Mala idea.
-Qué
va.
Se
levantó, y se alejó de la casa, a paso ligero y decidido. Me quedé
allí sentada, sin ganas de hablar con nadie. Estaba algo molesta con
Lucía. Y mi yo irritado era horrible.
*Narra
Harry*
Lucía
y Blanca no entraban, y a mí no me apetecía estar precisamente con
Clara. Y todas hablaban en el salón; incluíia mi ex novia.
Sabía
que tendría que haberlo superado, sabía que tendría que poder
comportarme de forma normal con ella. Pero no podía.
Bajé
las escaleras de la casa de la residencia de las chicas, y salí al
jardín. Allí casi me tropecé con Blanca, sentada en el peldaño,
con la mirada perdida, y sus dedos enroscándose y desenroscándose
en su pelo rubio. Me senté a su lado.
Ella
se sobresaltó, pero no me miró siquiera. Quería hablar con ella,
pero podía notar que estaba. No debería haberla besado. Pero me
salió solo, no lo decidí. La cabeza me daba vueltas.
-¿Por
qué?- susurró ella entonces-. ¿Por qué me besaste, Harold?
-No
lo sé.
Y
era verdad, no tenía ni idea de por qué lo había hecho. Había
temido por que le hubiese pasado algo cuando desapareció... y cuando
la vi, me sentí aliviado... y un súbito impulso me llevó a
besarla.
-¿No
lo sabes? Muy bien.
Parpadeé.
Su voz había sonado seca, y burlona tal vez. ¿Por qué estaba tan
dolida por eso?
-¿Por
qué te molesta tanto esto?- las palabras salieron solas de mi boca.
-No
lo sé. Piensa tú.
Genial,
me devuelve la jugada. Pero la diferencia es que mi "no lo sé"
había sido sincero.
-¿Alguna
razón en especial?
Suspiró,
un suspiro largo y pesado.
-Mira.
A Lucía le gustas. Y ahora ella me odia.
-¿A
Lucía le gusto? ¿En serio? ¿Y tengo que seguir lo que ella quiere
para hacer algo?
-¿Besarme
en medio de todos? ¿Te parece buena idea? Si conocieras a las
chicas, te habrías dado cuenta de que a Lucía le molas.
-Ah,
venga ya.
-Además.
¿Quién te dice que tú me gustes a mí?- se había puesto en pie,
con los brazos en jarras, y los dientes apretados sobre el labio
inferior. Las manos estaban crispadas en puños. El pelo rubio seguía
revuelto por mí. Con esa chica no se debía jugar, comprendí.
Alzó
la mano...
Y
se la llevó al pelo, alisándolo y desenredándolo con los dedos,
como si me hubiese leído el pensamiento.
-Lo
siento- fue todo lo que dije. Ella agitó las manos, como si hubiese
dicho una gran estupidez.
-No
lo sientes, Harold.
-Deja
de llamarme Harold.
-¿Por
qué? Es un nombre bonito.
Sentí
una punzada de dolor... porque pensé que se burlaba de mi nombre.
Pero iba en serio, me dijeron sus ojos en seguida. Me encogí de
hombres.
-Mira,
no sé por qué lo hice.
-No,
ni yo. Pero ahora Lucía me odia. Y apuesto a que tu novia también.
Mientras
me daba media vuelta para volver al interior, pensé que Blanca me
recordaba a Clara... en cierto modo. Muy dulce, bromista, pero con
temperamento. Una descarga de emoción me recorrió. Fui a la cocina,
sin saber muy bien qué hacer. Allí estaba Zayn.
-Harry-
dijo, serio-. ¿Por qué la besaste?
Bufé.
-¿Otro
interrogatorio estúpido al que no puedo responder?
-¿Otro?
Le
ignoré. No iba a decirle la mala idea de haber ido a hablar con
Blanca.
-No
lo sé, Zayn.
-Alguna
razón hay, Harry. No me
vale que sea guapa y todo eso. Si no ya la habrías besado antes.
-Zayn...
-Harold...
-¿Os
ha dado a todos por llamarme así hoy o qué?
-Pues
Harry. ¿Por qué? ¿Y por qué evitas a Clara? Es algo pasado y
superado ya.
-No
tengo respuestas para...
-No.
Sí las tienes, pero no quieres buscarlas.
Salí
de la cocina, pegando un portazo, y, sin despedirme de nadie, salí
al exterior. Atravesé la residencia, y decidí pasarme por la
panadería para hacer algo.
Me
dejaron quedarme, y trabajé hasta las ocho, cuando volví a mi casa.
Cené
algo rápido, me duché y me aseé, me puse el pijama y me metí en
la cama. Tras un rato dando vueltas, conecté mi MP3 y puse el modo
aleatorio. Salió una canción de Justin Timberlake.
No
sé cuanto tiempo estuve así, con los ojos abiertos, mirando cada
esquina del cuarto, con la música filtrándose en mis oídos.
Finalmente
noté que los párpados se me cerraban, y contra mi voluntad vino a
mi cabeza el recuerdo del beso de esa tarde. Lo recordaba a la
perfección, y mientras trataba de quitarme ese recuerdo de la
cabeza, una voz susurró en mi mente el nombre de Clara. Y... recordé
momentos con ella, sus risas, sus bromas, sus enfados, cuando
defendía lo que le importaba...
«Blanca
me recuerda a ella».
Se
me cerraron los ojos, y el sueño me atrapó por fin.