lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 7


Y alguien me agarró el brazo por detrás, haciéndome girar bruscamente. Mis ojos se encontraron con los verdes de él, y vi que los suyos brillaban con intensidad. Soló un suspiro de alivio y me atrajo hacia sí, para abrazarme...

De pronto noté sus labios a escasos centímetros de los míos. Cuando quise preguntarle a Harry qué diablos hacía, él me lo impidió, haciendo que nuestras bocas se tocaran. En medio de toda la confusión, noté que sus manos se entrelazaban tras mi nuca, y que me apretaba la cabeza contra la suya.

Oí el gritito ahogado que soltó Lucía, acompañado de los murmullos del resto. Pude ver por el rabillo del ojo a Lucía, en el hueco de la puerta, mirándonos, con la boca abierta y los ojos echando chispas. Bien de dolor o envidia. Vale, genial, a ella le gustaba Harry.

De pronto me encontré a mí misma preguntándome qué diría Louis, y en seguida me avergoncé. ¿Por qué iba a pensar nada él?



*Narra Clara *

Iba caminando por la residencia a la que acababa de trasladarme. Yo era española, aunque había vivido muchos años en Inglaterra. El año pasado volvimos a España, por motivos de trabajo de mi padre, pero yo quería volver, al igual que mi madre. Alcé la vista y ladeé la cabeza hacia la derecha. Vi a un grupo de gente ante la puerta de una de esas casas de esta residencia que a mí me habría encantado que me tocara; de dos pisos, con jardín. Un pequeño chalé.

Estreché los ojos, con una punzada de envidia, y entonces lo vi.

Una cabeza rizada de cabellos castaños. Ese perfil que me había fascinado desde la primera vez que lo vi. Esa camiseta que llevaba desde hace años, y que por lo visto seguía usando.

Harry. Un dolor me recorrió el cuerpo. Había estado enamorada de él. Y él de mí. Habíamos salido...

En ese momento estaba abrazada a una chica, a la que le caía el cabello liso y rubio sobre los hombros, algo enredado. Era alta y delgada, y Harry... estaba besándola.

Sabía que eso era normal. Ninguna persona se enamoraba solo de una chica en toda su vida. Él podía haber besado a miles de chicas en aquel año y medio, pero no pude reprimir una punzada de rabia.

Casi sin voluntad propia, me acerqué al grupo en el que estaba Harry. Pude observar que cerca de él había otro chico, que miraba la escena con incredulidad, y que estaba tieso. En el umbral de la puerta de entrada había cuatro chicas; tres castañas y una rubia. La rubia miraba con la boca abierta de par en par a Harry y a la otra chica. Las de pelo castaño parecían claramente incómodas, y apartaban la vista.

El beso de Harry en realidad fue corto, sólo de unos segundos, pero mi cabeza trabajaba a toda prisa, y sentía un nudo en la garganta. A mí se me hizo eterno.

La rubia se separó de él bruscamente, y retrocedió, casi asustada. Miró a su alrededor y luego a Harry, negando con la cabeza. El otro chico se había apartado de la que Harry había besado, y me pareció que ésta evitaba mirarlo. Debería haberme ido en vez de haberme quedado ahí como una tonta a mirar, pero pensé esto demasiado tarde...

-¡Harry!- la voz venía de dentro de la casa. Vi a un chico moreno, de facciones delicadas, pestañas largas y nariz afilada salir de la casa; Zayn. Señaló hacia donde yo estaba, y vi como Harry se giraba. Quise echar a correr, pero habría quedado fatal. Sólo me quedé ahí, sin apartar la cara, mientras veía como Harry se ponía tieso.

*Fin de la narración*

Con al cabeza todavía zumbando, y los labios calientes por el contacto con Harry, seguí la dirección de la mano de Zayn.

A unos doscientos metros había una chica de nuestra edad, de pelo castaño, ojos verdes, piel de un tono tostado que deseé tener. No era tan alta como yo, pero tampoco baja, y no demasiado delgada. Estaba ahí parada, mirándonos... no. Mirando a Harry. Y Harry la miraba a ella, con los ojos verdes muy abiertos. ¿Qué diablos?

-Harry... ¿esa no es Clara, tu ex?- estaba preguntando Zayn.

-Sí, es ella- gruñó Harry.

-Vamos a llamarla, para que se venga- Zayn ya había colocado las manos a modo de bocina, pero Harry puso una expresión alarmada, y le siseó:

-No, Zayn no quiero...

-Venga ya, no seas bebé hijo. Eso ya está superado- se apartó de Harry-. ¡Clara! Ven anda.

Clara re removió, y ladeó la cabeza, confusa. Pero avanzó finalmente hacia nosotros.

-Hola- murmuró, tirando de los mechones castaños, incómoda.

-Cuánto tiempo, ¿fuiste a España?- preguntó Zayn, con una sonrisa, que contrastaba con el rostro contraído de Clara.

-Sí, nos fuimos allí. Pero sólo para un año.

-¿Qué tal todo? ¿Vas a entrar en la universidad?

-Pues muy bien. Sí, voy a entrar en esta. Y me alojo desde hace unos días en la residencia.

-Anda, estas chicas también.

-¿Son... amigas?- me fijé en que no pudo evitar mirarme con recelo, y me sentí culpable por unos segundos; ésa era la ex de el chico al que acababa de besar... no. Me había besado él.

-Sí. Bueno, en realidad más amigas de Harold. Conoció a Blanca- me señaló-, en la panadería de su madre. Y nos las presentó. Te caerían bien. Todas.

Clara alzó una ceja, pero no dijo nada.

-Y éstos son Niall, Liam... y a Louis ya le conociste una vez, ¿verdad?

-Sí. Hacía mucho, Louis- se volvió hacia Niall y Liam, que estaban en el hueco de la puerta; Liam toqueteando distraídamente el pelo de Camila. Y niall poniendo caras raras que casi me arrancaron una carcajada-. Encantada, soy Clara.

-Bueno... ya que estás aquí... y Blanca ha aparecido- intervino Noe, mirándome significativamente, a lo que respondí bajando la cabeza-, ¿por qué no pasas?

Harry se removió, pero Louis le dio un codazo.

Clara, encogiéndose de hombros, entró en la casa tras Noe, Camila, Nerea, Liam, Niall y Zayn. Sin saber muy bien por qué, quería evitar encontrarme con las miradas de Louis y Harry, y dejé que entraran antes. Lucía estaba sentada en el escalón de entrada, con la cabeza apoyada en las manos, y con cara de enfurruñada.

-Lucía...

-¿Te ha gustado?- tenía la voz tensa, y noté que se contenía. Tragué saliva-. El beso, de Harry. Parecías muy a gusto.

Noté como un calor me encendía las mejillas. ¿Por qué la tomaba conmigo? Harry no era su novio, ni yo había querido besarle.

«Pero te ha gustado» susurró una voz pícara en mi cabeza.

Agité la mano, como si pudiese apartar así la vocecilla.

-¿Por qué dices eso?- repliqué, indignada-. ¿Celos?

Entonces me miró, con los ojos verdes echando chispas. Mala idea.

-Qué va.

Se levantó, y se alejó de la casa, a paso ligero y decidido. Me quedé allí sentada, sin ganas de hablar con nadie. Estaba algo molesta con Lucía. Y mi yo irritado era horrible.



*Narra Harry*

Lucía y Blanca no entraban, y a mí no me apetecía estar precisamente con Clara. Y todas hablaban en el salón; incluíia mi ex novia.

Sabía que tendría que haberlo superado, sabía que tendría que poder comportarme de forma normal con ella. Pero no podía.

Bajé las escaleras de la casa de la residencia de las chicas, y salí al jardín. Allí casi me tropecé con Blanca, sentada en el peldaño, con la mirada perdida, y sus dedos enroscándose y desenroscándose en su pelo rubio. Me senté a su lado.

Ella se sobresaltó, pero no me miró siquiera. Quería hablar con ella, pero podía notar que estaba. No debería haberla besado. Pero me salió solo, no lo decidí. La cabeza me daba vueltas.

-¿Por qué?- susurró ella entonces-. ¿Por qué me besaste, Harold?

-No lo sé.

Y era verdad, no tenía ni idea de por qué lo había hecho. Había temido por que le hubiese pasado algo cuando desapareció... y cuando la vi, me sentí aliviado... y un súbito impulso me llevó a besarla.

-¿No lo sabes? Muy bien.

Parpadeé. Su voz había sonado seca, y burlona tal vez. ¿Por qué estaba tan dolida por eso?

-¿Por qué te molesta tanto esto?- las palabras salieron solas de mi boca.

-No lo sé. Piensa tú.



Genial, me devuelve la jugada. Pero la diferencia es que mi "no lo sé" había sido sincero.

-¿Alguna razón en especial?

Suspiró, un suspiro largo y pesado.

-Mira. A Lucía le gustas. Y ahora ella me odia.

-¿A Lucía le gusto? ¿En serio? ¿Y tengo que seguir lo que ella quiere para hacer algo?

-¿Besarme en medio de todos? ¿Te parece buena idea? Si conocieras a las chicas, te habrías dado cuenta de que a Lucía le molas.

-Ah, venga ya.

-Además. ¿Quién te dice que tú me gustes a mí?- se había puesto en pie, con los brazos en jarras, y los dientes apretados sobre el labio inferior. Las manos estaban crispadas en puños. El pelo rubio seguía revuelto por mí. Con esa chica no se debía jugar, comprendí.

Alzó la mano...

Y se la llevó al pelo, alisándolo y desenredándolo con los dedos, como si me hubiese leído el pensamiento.

-Lo siento- fue todo lo que dije. Ella agitó las manos, como si hubiese dicho una gran estupidez.

-No lo sientes, Harold.

-Deja de llamarme Harold.

-¿Por qué? Es un nombre bonito.

Sentí una punzada de dolor... porque pensé que se burlaba de mi nombre. Pero iba en serio, me dijeron sus ojos en seguida. Me encogí de hombres.

-Mira, no sé por qué lo hice.

-No, ni yo. Pero ahora Lucía me odia. Y apuesto a que tu novia también.

Mientras me daba media vuelta para volver al interior, pensé que Blanca me recordaba a Clara... en cierto modo. Muy dulce, bromista, pero con temperamento. Una descarga de emoción me recorrió. Fui a la cocina, sin saber muy bien qué hacer. Allí estaba Zayn.

-Harry- dijo, serio-. ¿Por qué la besaste?

Bufé.

-¿Otro interrogatorio estúpido al que no puedo responder?

-¿Otro?

Le ignoré. No iba a decirle la mala idea de haber ido a hablar con Blanca.

-No lo sé, Zayn.

-Alguna razón hay, Harry. No me vale que sea guapa y todo eso. Si no ya la habrías besado antes.

-Zayn...

-Harold...

-¿Os ha dado a todos por llamarme así hoy o qué?

-Pues Harry. ¿Por qué? ¿Y por qué evitas a Clara? Es algo pasado y superado ya.

-No tengo respuestas para...

-No. Sí las tienes, pero no quieres buscarlas.

Salí de la cocina, pegando un portazo, y, sin despedirme de nadie, salí al exterior. Atravesé la residencia, y decidí pasarme por la panadería para hacer algo.

Me dejaron quedarme, y trabajé hasta las ocho, cuando volví a mi casa.

Cené algo rápido, me duché y me aseé, me puse el pijama y me metí en la cama. Tras un rato dando vueltas, conecté mi MP3 y puse el modo aleatorio. Salió una canción de Justin Timberlake.

No sé cuanto tiempo estuve así, con los ojos abiertos, mirando cada esquina del cuarto, con la música filtrándose en mis oídos.

Finalmente noté que los párpados se me cerraban, y contra mi voluntad vino a mi cabeza el recuerdo del beso de esa tarde. Lo recordaba a la perfección, y mientras trataba de quitarme ese recuerdo de la cabeza, una voz susurró en mi mente el nombre de Clara. Y... recordé momentos con ella, sus risas, sus bromas, sus enfados, cuando defendía lo que le importaba...

«Blanca me recuerda a ella».

Se me cerraron los ojos, y el sueño me atrapó por fin.




sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo 6


Llevábamos todo el día caminando por los callejones de esa zona perdida de Londres, y los ojos se me caían del sueño.
Louis había comprado unas hamburguesas para no morir de hambre, pero las fuerzas ya se me habían agotado.
-¿Estás cansada?-clavó sus preciosos ojos en mí, mientras me rodeaba con sus brazos la cintura y pasaba mi brazo por sus hombros.

-La verdad... sí, pero no hace falta... no hace falta que me cojas.

-¿Te molesta?

-No... pero te vas a cansar.

-Pero si ni siquiera estás en mis brazos, pequeña.

No pude evitar reír y sonreírle, agradecida.

Entrecerré los ojos, y me dejé llevar por los sentimientos. Louis estaba cálido, y era realmente reconfortante tenerlo ahí. No sabía por qué, pero a pesar de casi no conocerle me agradaba y me daba seguridad. La luz de las farolas se derramaba sobre nosotros, haciendo que nuestra marcha pesada y lenta resultase casi siniestra en la noche. Pensé en cómo había aparecido en la plaza así sin más y se había interesado por mi collar. Todavía no sabía por qué le había dicho que me gustaba estar con él, pero fue algo que me salió de dentro. Había espantado a aquellas palomas como un niño pequeño, y estaba claro que no le importaba que pensaran.

«Yo nunca fui así. Siempre pienso en qué cree la gente de mí, y si soy ridícula, aunque no quiera ser así».

Y sin embargo, lo hice; salí tras él y los pájaros, a imitarle, a quedar en ridículo, sin que me importara. Tal vez sea eso por lo que me gusta estar con él. Porque le sentía un poco como algo complementario a mí. Además, era muy agradable, servicial y divertido. Y guapo también. Esos ojos no los tenía cualquiera.

Me palpé el cuello entonces, esperando encontrar la forma del colgante de la paloma... y solo toqué piel. Mi piel, fría por la noche, y bajo la piel el pulso de mi corazón. Aparté la mano; no me gustaba sentir mi pulso. Me producía la terrible angustia de notar que era frágil, que el corazón podía pararse... y me hacía pensar en sangre, cosa que me producía malestar si pensaba en ella. De pronto sentí también inseguridad... sin saber por qué. La anciana del aeropuerto fue rara, sí, pero me dijo que el colgante me daría suerte, y hasta ahora todo ha ido genial. Cuando he estado nerviosa, lo he apretado en mis dedos, y me ha ayudado. Me sentí vacía, y seguí palpándome el cuello, buscando la cuerda que lo sujetaba.

Louis se paró en seco, y por consecuencia yo también.

-¿Pasa algo?-su voz sonaba suave y preocupada.

-El colgante... no está- me di cuenta de lo ridículo que sonaba eso al instante; algo así no podía producirme tanto agobio como indicaba mi tono, pero me salió así.

-¿El de la paloma?

Asentí.

-Se debió caer, al espantar a las palomas.

-¿Te gustaba mucho?

-Bueno- carraspeé, para aclararme la garganta-, sonará estúpido, pero me producía algo de seguridad. Y no dejaba de ser un regalo, y cuando pierdo un regalo me siento siempre fatal.

-No suena ridículo. Tal vez se convirtió en una especie de amuleto para ti. No sé... por el cambio de venir aquí, tal vez.

Seguro que lo decía para no dejarme mal, pensé. Pero me hizo mirarle a los ojos, y vi que estaba serio, el iris azulado brillando bajo la luz eléctrica. No pude evitar preguntarme por qué me tomaba tan en serio, incluso en algo tan tonto como esto.

-¿Quieres ir a buscarlo?-me preguntó, sacándome de mi ensimismamiento y disminuyendo la intensidad de la mirada. Bajé la cabeza hacia el suelo; las baldosas eran circulares, y algunas ya estaban deformadas por las rajas.

-No, qué va. Es una tontería, además, no sabemos cómo volver.

-En eso tienes razón. NI idea de cómo volver.

Esbocé una sonrisilla cansada, y seguimos caminando.

Al cabo de un rato comencé a sentir las piernas entumecidas; de esa forma que te duele en los músculos y que se expande como una oleada de sueño por el resto de cuerpo. Sentí que me fallaban un poco, y me apoyé inconscientemente en Louis. Me aparté en seguida; no quería cargarlo con mi peso, pero él me atrajo hacia sí y me hizo apoyarme, sujetándome mejor.

-Louis no... déjame, no hace falta.

-Estás cansada-replicó él, con voz moderada.

Suspiré, y agité el brazo libre, que empezaba a cosquillearme.

-Y tú también.

-No tanto como tú, enana. Te estás cayendo, y lo sabes. Quiero llevarte. Además, esto es mi culpa. Por lo de espantar palomas.

Supe que era testarudo, y que no conseguiría hacerle cambiar de opinión. Miré, básicamente para no dormirme de pie, las fachadas de los edificios que había a nuestro lado. Un local inmobiliario, un restaurante de comida rápida, una tienda de ropa interior... Todo cerrado. La ciudad resultaba vacía y austera por la noche, con todo desierto, pero también daba una sensación de tranquilidad. Y la luz eléctrica calentaba un poco el ambiente, dando color. La brisa hizo que el pelo se me fuera a los ojos, y me pareció de color dorado cobrizo. Como si estuviese hecho de miles de hilos de metal.

-Louis.

-¿Sí?

-Me gustó. Espantar palomas contigo. Fue como volver a la infancia, no tener preocupaciones.

Él sonrió de aquella manera que pensé que acabaría por amar. Parecía una sonrisa de un niño en la cara de un joven. Sonreí también.

-Me gusta ser un niño.

-Y te gustan las palomas. Aunque quieras espantar a los pobres bichos.

-Me gustan las palomas-afirmó, en una carcajada.

El resto del camino lo pasé luchando con todas mis fuerzas contra el sueño, que se apoderaba de mí rápida y molestamente. Odio cuando el sueño te está matando y no puedes irte a tu cama y dormir en paz.

-¡Eh!- exclamó de pronto Louis, sacándome de mi estado brumoso-. Yo este sitio lo conozco. MI casa está al lado.

Quise responder con algo, aliviada como me sentía, pero las palabras no salieron de mi boca, cuyos músculos estaban de huelga ya.

Sentí como entrábamos en un portal y oí una puerta cerrarse. Entramos en un ascensor que olía algo mal, y oí algo que sonó como:

-La peste de este ascensor es de nacimiento.

Louis abrió la puerta de un piso, y el calor de dentro me alivió el cuerpo entumecido. No vi bien lo que había, pero parecía bastante espacioso. Sentí cómo me colocaba sobre algo blando- un sofá seguramente- y me tumbé casi de forma automática, sin pensar dónde estaba.

Me taparon con una manta y me descalzaron con suavidad. Luego vi a Louis mirándome.

-¿No quieres dormir en mi cama? Puedo dormir yo aquí.

-No- dije, con voz cansada y débil-. No, en serio, no.

No tuve fuerzas para decir más, y cerré los ojos y me dormí.

«¿Te vienes a espantar palomas?» oí el recuerdo en un rincón de mi mente, y me sumí en un sueño de libertad y diversión infantil, donde también vi a Louis.




Me desperté cuando la luz hería ya mis ojos a través de los párpados, y me removí en las sábanas, mientras abría lentamente los ojos. Parpadeé cuando me di cuenta de que ya no estaba en un sofá... si no en una cama de sábanas blancas y manta suave de un tono azul claro. Mi pelo se derramaba sobre una almohada mullida. Me froté los ojos y me giré...

Louis estaba al otro lado, a escasos centímetros de mí. Miraba al techo y tenía las manos cruzadas sobre el pecho.

Un calor recorrió mis mejillas, ¿qué hacía en la misma cama?

En ese momento pareció notar que le miraba, y se puso de costado, sonriendo.

-¿Louis, qué...?




*Narra Lucía*

-No ha llegado- dije, con voz temblorosa, cuando Harry entró por la puerta de la casa en la residencia.

Él no dijo nada, sólo se me acercó y me abrazó. En otro momento el gesto me habría reconfortado, pero no con mi amiga perdida desde el día anterior. Noelia salió de la cocina, con la camisa larga que usaba a modo de pijama todavía puesta, y una taza humeante en la mano.

-Lucía... Ah, hola Harry- al verle, hizo un gesto con la mano, y luego se volvió hacia mí de nuevo-.¿Quieres desayunar?

-No tengo mucha hambre- era verdad.

-¿Saben algo de Blanca?- Nerea bajó corriendo las escaleras, con Camila pisándole los talones. Nerea seguía en pijama, Camila llevaba una falda marrón corta y un jersey fino de algodón blanco. En el pelo llevaba una cinta blanca que contrastaba con su tono de cabello.

-Nada-suspiré, y noté como sus expresiones cambiaban rápidamente. Camila se sentó en el sofá a mi lado, y se tiró de sus mechones marrones, nerviosa y mordiéndose el labio.

-Hay que hacer algo...

-Lo sabemos, pero, ¿qué?- repuse yo, mirando a Harry de soslayo, que estaba de pie junto al sofá.

-Voy a llamar al resto de mis amigos, y veremos todos juntos qué hacer- Harry sacó hábilmente su móvil del bolsillo, y se puso a cacharrear con la pantalla táctil. Pulsó algo, y se lo puso a la oreja, a la vez que nos hacía un gesto y se iba a otro cuarto.

-Ah, me siento culpable- suspiré, entrelazando mis manos nerviosamente.

-Venga ya, Lucía. Si no podía pasar nada; no es una niña pequeña- bufó Noe, tomando un sorbo de su taza.

-Pero ha pasado- repliqué.

-¿Por qué estás tan mal por esto? Tendría más sentido que lo estuvieran Camila y Nerea- comentó entonces.

-Hablé con ella en el avión. Me cayó verdaderamente bien. Mejor de lo que creía.

-¡Camila!- Nerea la miraba, alarmada, y vi que tenía algo rojo en el labio-. No te muerdas el labio así.

Lo rojo era un hilillo de sangre, que se deslizaba por la piel.

Nerea se levantó, y volvió en seguida con un rollo de papel, que tendió a Camila, indicándole que se limpiase el labio sangrante.

-Qué burra eres-le espetó, con una carcajada seca.

-¿Quien es burra?- Harry guardaba el móvil en el pantalón, y se acercó a nosotras.

-Ésta- Nerea señaló con un dedo a Camila, que se encogió de hombros-. Se ha hecho un herida en el labio.

-Ya... Pues los chicos vienen para acá. Y en cuanto a Louis... sigue sin contestar.

-¿Cuánto tardarán?- pregunté, ansiosa.

-Unos veinte minutos.

Me froté los ojos, en un gesto que casi me hizo daño, y comencé a recorrer la superficie del sofá con los dedos, con el tal de distraerme.

Noelia nos preparó un desayuno sobre la mesita baja de la sala, y comimos en silencio; no había ganas para hablar de nada.

El timbre sonó, y Noelia se levantó para abrir. Entraron Niall, Zayn y Liam, los chicos de la otra noche.

Nos saludaron, serios, y se quedaron en la puerta. Resoplando, les dije que pasaran más adentro.

-¿Y bien? ¿Tenéis idea de dónde podría haber ido?- preguntó Niall.

-O de dónde se la han llevado- apuntó Camila, con voz quebrada.

-No. Ni idea.

*Fin de la Narración*

Al ver mi expresión alarmada, Louis empezó a reírse sin parar. Me incorporé un poco, y le miré, con la nariz arrugada.

-Tranquila- alzó las manos, en un gesto divertido-. Te traje aquí cuando dormías. Y yo dormí en el sofá.

Suspiré, aliviada.

-Louis, ya te dije que no. Que podía dormir en el sofá.

-Venga ya, ¿qué clase de anfitrión le da el peor sitio al invitado?

-Louis...

-¿Quieres desayunar?- se estiró como un gato, levantándose.

Retiré mis mantas con cuidado, y vi, con alivio, que seguía con la ropa. Sólo me había quitado los zapatos.

«Qué cosas más raras piensas hoy, hija» me dije, a la vez que me levantaba a mi vez.

-Deberías cambiarte la camiseta. Parece una pasa de lo arrugada que está- comentó Louis, mirándome con ojo crítico.

-Pues no tengo ropa.

Pero él ya había abierto las puertas de su armario, y sacó una camiseta a rayas azules y blancas.

-Esto te servirá- me lanzó la prenda, y salió del cuarto, dejándome sola para poder vestirme.

Me quité mi camiseta, que, en efecto, estaba muy arrugada, y me puse la de él. Me quedaba algo grande, pero servía. Me la metí por los pantalones y me estiré. El pelo me caía enredado en los hombros; era algo que siempre había odiado de mi pelo: que por las mañanas parecía como si no lo hubiese cepillado en semanas.

Traté de desenredármelo con los dedos, dando tirones que estuvieron a punto de hacerme lanzar grititos.

Seguro que seguía fatal, pensé con desaliento. Salí al pasillo, pisando el parqué con los pies descalzos, y me encontré a Louis en el pasillo. Me pregunté qué pensaría de mi pelo mañanero.

-¿Puedo pasar al baño?- pregunté, antes de que comentara nada.

-Claro, esta puerta de aquí- la abrió, y entré. No era muy grande. Los azulejos eran azules, y el suelo también. Había un lavabo blanco y una ducha y un váter del mismo color. En la pared opuesta a la de la ducha había unas perchas de madera un mueble con toallas y demás-. Ah, y ahí hay un cepillo que usan a veces mis hermanas cuando vienen. Puedes usarlo también.

-Gracias- sonreí, agradecida al hecho de poder arreglarme un poco más, y cerré la puerta. Me lavé la cara y me desenredé el pelo. Cuando acabé ya estaba mucho mejor.

Louis estaba en la pequeña cocina adosada a la sala de estar, tostando pan y haciendo café. Lo supe por el olor del aire.

Cuando iba a preguntarle si le ayudaba, él me ofreció una bandeja con dos tostadas y una taza, además de algo de fruta cortada; melón y melocotón, y me indicó que me sentara en el sofá. Él se sentó a mi lado, y empezamos a comer.

Cuando iba por la segunda tostada, recordé que mis amigas y Harry no sabían nada de mí, y me puse tiesa, empezando a sentir remordimientos. Louis debió notarlo, porque me miró, interrogante.

-Louis, mis amigas estarán preocupadas... ayer desaparecimos, y no saben nada de nosotros.

Él rebuscó en su bolsillo. Llevaba unos pantalones azul marino ajustados y una camiseta a rayas como la mía.

-Me habrían... Oh, genial, el móvil ha desaparecido.

Tragué saliva. El mío se había quedado sin batería el día anterior, y no había manera de cargarlo. Estarían preocupadas de verdad.

-Se te habrá caído al correr, Louis. Tengo que ir a la residencia ya.

-De acuerdo, pero tardaremos un poco andando. Termínate el desayuno primero.

Me comí al tostada a toda prisa, y cinco minutos más tarde salíamos por la puerta principal. El sol brillaba trémulo bajo la fina capa de nubes, que anunciaba que por la tarde llovería. Caminamos en silencio y a paso ligero por las calles de Londres. Louis me guiaba, ya que yo no conocía la zona, y mucho menos tan bien como él.

Cuando vi los muros que rodeaban la zona residencial, me sentía ya sin aliento e intentaba ocultar mis jadeos. Me tocó guiar a mí por entre los edificios de los alumnos, hasta la casa que compartía con Noelia, Lucía, Nerea y Camila. Suspiré y me dispuse a llamar al timbre...