Llevábamos todo el día
caminando por los callejones de esa zona perdida de Londres, y los
ojos se me caían del sueño.
Louis había comprado unas hamburguesas para no morir de hambre, pero las fuerzas ya se me habían agotado.
-¿Estás cansada?-clavó sus preciosos ojos en mí, mientras me rodeaba con sus brazos la cintura y pasaba mi brazo por sus hombros.
Louis había comprado unas hamburguesas para no morir de hambre, pero las fuerzas ya se me habían agotado.
-¿Estás cansada?-clavó sus preciosos ojos en mí, mientras me rodeaba con sus brazos la cintura y pasaba mi brazo por sus hombros.
-La verdad... sí, pero no
hace falta... no hace falta que me cojas.
-¿Te molesta?
-No... pero te vas a
cansar.
-Pero si ni siquiera estás
en mis brazos, pequeña.
No pude evitar reír y
sonreírle, agradecida.
Entrecerré los ojos, y me
dejé llevar por los sentimientos. Louis estaba cálido, y era
realmente reconfortante tenerlo ahí. No sabía por qué, pero a
pesar de casi no conocerle me agradaba y me daba seguridad. La luz de
las farolas se derramaba sobre nosotros, haciendo que nuestra marcha
pesada y lenta resultase casi siniestra en la noche. Pensé en cómo
había aparecido en la plaza así sin más y se había interesado por
mi collar. Todavía no sabía por qué le había dicho que me gustaba
estar con él, pero fue algo que me salió de dentro. Había
espantado a aquellas palomas como un niño pequeño, y estaba claro
que no le importaba que pensaran.
«Yo
nunca fui así. Siempre pienso en qué cree la gente de mí, y si soy
ridícula, aunque no quiera ser así».
Y
sin embargo, lo hice; salí tras él y los pájaros, a imitarle, a
quedar en ridículo, sin que me importara. Tal vez sea eso por lo que
me gusta estar con él. Porque le sentía un poco como algo
complementario a mí. Además, era muy agradable, servicial y
divertido. Y guapo también. Esos ojos no los tenía cualquiera.
Me
palpé el cuello entonces, esperando encontrar la forma del colgante
de la paloma... y solo toqué piel. Mi piel, fría por la noche, y
bajo la piel el pulso de mi corazón. Aparté la mano; no me gustaba
sentir mi pulso. Me producía la terrible angustia de notar que era
frágil, que el corazón podía pararse... y me hacía pensar en
sangre, cosa que me producía
malestar si pensaba en
ella. De pronto sentí también inseguridad... sin saber por qué.
La anciana del aeropuerto fue rara, sí, pero me dijo que el colgante
me daría suerte, y hasta ahora todo ha ido genial. Cuando he estado
nerviosa, lo he apretado en mis dedos, y me ha ayudado. Me sentí
vacía, y seguí palpándome el cuello, buscando la cuerda que lo
sujetaba.
Louis
se paró en seco, y por consecuencia yo también.
-¿Pasa
algo?-su voz sonaba suave y preocupada.
-El
colgante... no está- me di cuenta de lo ridículo que sonaba eso al
instante; algo así no podía producirme tanto agobio como indicaba
mi tono, pero me salió así.
-¿El
de la paloma?
Asentí.
-Se
debió caer, al espantar a las palomas.
-¿Te
gustaba mucho?
-Bueno-
carraspeé, para aclararme la garganta-, sonará estúpido, pero me
producía algo de seguridad. Y no dejaba de ser un regalo, y cuando
pierdo un regalo me siento siempre fatal.
-No
suena ridículo. Tal vez se convirtió en una especie de amuleto para
ti. No sé... por el cambio de venir aquí, tal vez.
Seguro
que lo decía para no dejarme mal, pensé. Pero me hizo mirarle a los
ojos, y vi que estaba serio, el iris azulado brillando bajo la luz
eléctrica. No pude evitar preguntarme por qué me tomaba tan en
serio, incluso en algo tan tonto como esto.
-¿Quieres
ir a buscarlo?-me preguntó, sacándome de mi ensimismamiento y
disminuyendo la intensidad de la mirada. Bajé la cabeza hacia el
suelo; las baldosas eran circulares, y algunas ya estaban deformadas
por las rajas.
-No,
qué va. Es una tontería, además, no sabemos cómo volver.
-En
eso tienes razón. NI idea de cómo volver.
Esbocé
una sonrisilla cansada, y seguimos caminando.
Al
cabo de un rato comencé a sentir las piernas entumecidas; de esa
forma que te duele en los músculos y que se expande como una oleada
de sueño por el resto de cuerpo. Sentí que me fallaban un poco, y
me apoyé inconscientemente en Louis. Me aparté en seguida; no
quería cargarlo con mi peso, pero él me atrajo hacia sí y me hizo
apoyarme, sujetándome mejor.
-Louis
no... déjame, no hace falta.
-Estás
cansada-replicó él, con voz moderada.
Suspiré,
y agité el brazo libre, que empezaba a cosquillearme.
-Y
tú también.
-No
tanto como tú, enana. Te estás cayendo, y lo sabes. Quiero
llevarte. Además, esto es mi culpa. Por lo de espantar palomas.
Supe
que era testarudo, y que no conseguiría hacerle cambiar de opinión.
Miré, básicamente para
no dormirme de pie, las fachadas de los edificios que había a
nuestro lado. Un local inmobiliario, un restaurante de comida rápida,
una tienda de ropa interior... Todo cerrado. La ciudad resultaba
vacía y austera por la noche, con todo desierto, pero también daba
una sensación de tranquilidad. Y la luz eléctrica calentaba un poco
el ambiente, dando color. La brisa hizo que el pelo se me fuera a los
ojos, y me pareció de color dorado cobrizo. Como si estuviese hecho
de miles de hilos de metal.
-Louis.
-¿Sí?
-Me
gustó. Espantar palomas contigo. Fue como volver a la infancia, no
tener preocupaciones.
Él
sonrió de aquella manera que pensé que acabaría por amar. Parecía
una sonrisa de un niño en la cara de un joven. Sonreí también.
-Me
gusta ser un niño.
-Y
te gustan las palomas. Aunque quieras espantar a los pobres bichos.
-Me
gustan las palomas-afirmó, en una carcajada.
El
resto del camino lo pasé luchando con todas mis fuerzas contra el
sueño, que se apoderaba de mí rápida y molestamente. Odio cuando
el sueño te está matando y no puedes irte a tu cama y dormir en
paz.
-¡Eh!-
exclamó de pronto Louis, sacándome de mi estado brumoso-. Yo este
sitio lo conozco. MI casa está al lado.
Quise
responder con algo, aliviada como me sentía, pero las palabras no
salieron de mi boca, cuyos músculos estaban de huelga ya.
Sentí
como entrábamos en un portal y oí una puerta cerrarse. Entramos en
un ascensor que olía algo mal, y oí algo que sonó como:
-La
peste de este ascensor es de nacimiento.
Louis
abrió la puerta de un piso, y el calor de dentro me alivió el
cuerpo entumecido. No vi bien lo que había, pero parecía bastante
espacioso. Sentí cómo me colocaba sobre algo blando- un sofá
seguramente- y me tumbé casi de forma automática, sin pensar dónde
estaba.
Me
taparon con una manta y me descalzaron con suavidad. Luego vi a Louis
mirándome.
-¿No
quieres dormir en mi cama? Puedo dormir yo aquí.
-No-
dije, con voz cansada y débil-. No, en serio, no.
No
tuve fuerzas para decir más, y cerré los ojos y me dormí.
«¿Te
vienes a espantar palomas?» oí el recuerdo en un rincón de mi
mente, y me sumí en un sueño de libertad y diversión infantil,
donde también vi a Louis.
Me
desperté cuando la luz hería ya mis ojos a través de los párpados,
y me removí en las sábanas, mientras abría lentamente los ojos.
Parpadeé cuando me di cuenta de que ya no estaba en un sofá... si
no en una cama de sábanas blancas y manta suave de un tono azul
claro. Mi pelo se derramaba sobre una almohada mullida. Me froté los
ojos y me giré...
Louis
estaba al otro lado, a escasos centímetros de mí. Miraba al techo y
tenía las manos cruzadas sobre el pecho.
Un
calor recorrió mis mejillas, ¿qué hacía en la misma cama?
En
ese momento pareció notar que le miraba, y se puso de costado,
sonriendo.
-¿Louis,
qué...?
*Narra
Lucía*
-No
ha llegado- dije, con voz temblorosa, cuando Harry entró por la
puerta de la casa en la residencia.
Él
no dijo nada, sólo se me acercó y me abrazó. En otro momento el
gesto me habría reconfortado, pero no con mi amiga perdida desde el
día anterior. Noelia salió de la cocina, con la camisa larga que
usaba a modo de pijama todavía puesta, y una taza humeante en la
mano.
-Lucía...
Ah, hola Harry- al verle, hizo un gesto con la mano, y luego se
volvió hacia mí de nuevo-.¿Quieres desayunar?
-No
tengo mucha hambre- era verdad.
-¿Saben
algo de Blanca?- Nerea bajó corriendo las escaleras, con Camila
pisándole los talones. Nerea seguía en pijama, Camila llevaba una
falda marrón corta y un jersey fino de algodón blanco. En el pelo
llevaba una cinta blanca que contrastaba con su tono de cabello.
-Nada-suspiré,
y noté como sus expresiones cambiaban rápidamente. Camila se sentó
en el sofá a mi lado, y se tiró de sus mechones marrones, nerviosa
y mordiéndose el labio.
-Hay
que hacer algo...
-Lo
sabemos, pero, ¿qué?- repuse yo, mirando a Harry de soslayo, que
estaba de pie junto al sofá.
-Voy
a llamar al resto de mis amigos, y veremos todos juntos qué hacer-
Harry sacó hábilmente su móvil del bolsillo, y se puso a
cacharrear con la pantalla táctil. Pulsó algo, y se lo puso a la
oreja, a la vez que nos hacía un gesto y se iba a otro cuarto.
-Ah,
me siento culpable- suspiré, entrelazando mis manos nerviosamente.
-Venga
ya, Lucía. Si no podía pasar nada; no es una niña pequeña- bufó
Noe, tomando un sorbo de su taza.
-Pero
ha pasado- repliqué.
-¿Por
qué estás tan mal por esto? Tendría más sentido que lo estuvieran
Camila y Nerea- comentó entonces.
-Hablé
con ella en el avión. Me cayó verdaderamente bien. Mejor de lo que
creía.
-¡Camila!-
Nerea la miraba, alarmada, y vi que tenía algo rojo en el labio-. No
te muerdas el labio así.
Lo
rojo era un hilillo de sangre, que se deslizaba por la piel.
Nerea
se levantó, y volvió en seguida con un rollo de papel, que tendió
a Camila, indicándole que se limpiase el labio sangrante.
-Qué
burra eres-le espetó, con una carcajada seca.
-¿Quien
es burra?- Harry guardaba el móvil en el pantalón, y se acercó a
nosotras.
-Ésta-
Nerea señaló con un dedo a Camila, que se encogió de hombros-. Se
ha hecho un herida en el labio.
-Ya...
Pues los chicos vienen para acá. Y en cuanto a Louis... sigue sin
contestar.
-¿Cuánto
tardarán?- pregunté, ansiosa.
-Unos
veinte minutos.
Me
froté los ojos, en un gesto que casi me hizo daño, y comencé a
recorrer la superficie del sofá con los dedos, con el tal de
distraerme.
Noelia
nos preparó un desayuno sobre la mesita baja de la sala, y comimos
en silencio; no había ganas para hablar de nada.
El
timbre sonó, y Noelia se levantó para abrir. Entraron Niall, Zayn y
Liam, los chicos de la otra noche.
Nos
saludaron, serios, y se quedaron en la puerta. Resoplando, les dije
que pasaran más adentro.
-¿Y
bien? ¿Tenéis idea de dónde podría haber ido?- preguntó Niall.
-O
de dónde se la han llevado- apuntó Camila, con voz quebrada.
-No.
Ni idea.
*Fin de la
Narración*
Al
ver mi expresión alarmada, Louis empezó a reírse sin parar. Me
incorporé un poco, y le miré, con la nariz arrugada.
-Tranquila-
alzó las manos, en un gesto divertido-. Te traje aquí cuando
dormías. Y yo dormí en el sofá.
Suspiré,
aliviada.
-Louis,
ya te dije que no. Que podía dormir en el sofá.
-Venga
ya, ¿qué clase de anfitrión le da el peor sitio al invitado?
-Louis...
-¿Quieres
desayunar?- se estiró como un gato, levantándose.
Retiré
mis mantas con cuidado, y vi, con alivio, que seguía con la ropa.
Sólo me había quitado los zapatos.
«Qué
cosas más raras piensas hoy, hija» me dije, a la vez que me
levantaba a mi vez.
-Deberías
cambiarte la camiseta. Parece una pasa de lo arrugada que está-
comentó Louis, mirándome con ojo crítico.
-Pues
no tengo ropa.
Pero
él ya había abierto las puertas de su armario, y sacó una camiseta
a rayas azules y blancas.
-Esto
te servirá- me lanzó la prenda, y salió del cuarto, dejándome
sola para poder vestirme.
Me
quité mi camiseta, que, en efecto, estaba muy arrugada, y me puse la
de él. Me quedaba algo grande, pero servía. Me la metí por los
pantalones y me estiré. El pelo me caía enredado en los hombros;
era algo que siempre había odiado de mi pelo: que por las mañanas
parecía como si no lo hubiese cepillado en semanas.
Traté
de desenredármelo con los dedos, dando tirones que estuvieron a
punto de hacerme lanzar grititos.
Seguro
que seguía fatal, pensé con desaliento. Salí al pasillo, pisando
el parqué con los pies descalzos, y me encontré a Louis en el
pasillo. Me pregunté qué pensaría de mi pelo mañanero.
-¿Puedo
pasar al baño?- pregunté, antes de que comentara nada.
-Claro,
esta puerta de aquí- la abrió, y entré. No era muy grande. Los
azulejos eran azules, y el suelo también. Había un lavabo blanco y
una ducha y un váter del mismo color. En la pared opuesta a la de la
ducha había unas perchas de madera un mueble con toallas y
demás-. Ah, y ahí hay un cepillo que usan a veces mis hermanas
cuando vienen. Puedes usarlo también.
-Gracias-
sonreí, agradecida al hecho de poder arreglarme un poco más, y
cerré la puerta. Me lavé la cara y me desenredé el pelo. Cuando
acabé ya estaba mucho mejor.
Louis
estaba en la pequeña cocina adosada a la sala de estar, tostando pan
y haciendo café. Lo supe por el olor del aire.
Cuando
iba a preguntarle si le ayudaba, él me ofreció una bandeja con dos
tostadas y una taza, además de algo de fruta cortada; melón y
melocotón, y me indicó que me sentara en el sofá. Él se sentó a
mi lado, y empezamos a comer.
Cuando
iba por la segunda tostada, recordé que mis amigas y Harry no sabían
nada de mí, y me puse tiesa, empezando a sentir remordimientos.
Louis debió notarlo, porque me miró, interrogante.
-Louis,
mis amigas estarán preocupadas... ayer desaparecimos, y no saben
nada de nosotros.
Él
rebuscó en su bolsillo. Llevaba unos pantalones azul marino
ajustados y una camiseta a rayas como la mía.
-Me
habrían... Oh, genial, el móvil ha desaparecido.
Tragué
saliva. El mío se había quedado sin batería el día anterior, y no
había manera de cargarlo. Estarían preocupadas de verdad.
-Se
te habrá caído al correr, Louis. Tengo que ir a la residencia ya.
-De
acuerdo, pero tardaremos un poco andando. Termínate el desayuno
primero.
Me
comí al tostada a toda prisa, y cinco minutos más tarde salíamos
por la puerta principal. El sol brillaba trémulo bajo la fina capa
de nubes, que anunciaba que por la tarde llovería. Caminamos en
silencio y a paso ligero por las calles de Londres. Louis me guiaba,
ya que yo no conocía la zona, y mucho menos tan bien como él.
Cuando
vi los muros que rodeaban la zona residencial, me sentía ya sin
aliento e intentaba ocultar mis jadeos. Me tocó guiar a mí por
entre los edificios de los alumnos, hasta la casa que compartía con
Noelia, Lucía, Nerea y Camila. Suspiré y me dispuse a llamar al
timbre...
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