domingo, 28 de julio de 2013

Capítulo 3~


El tono estridente del whats app me despertó, y me dije que debía cambiarlo. Era un número desconocido que decía que era Harry, por lo que contesté.
Me había preguntado si me enseñaba la ciudad esa tarde, y yo le dije:
"Claro, pásate sobre las seis por mi casa" y le puse la dirección.
Me vestí con ropa fresca, ya que parecía que haría calor.


Aparté los tacones que mi madre había comprado con el conjunto y me puse unas sandalias marrones. Odiaba los tacones. Bajé a desayunar. Tomé algo ligero; no tenía mucha hambre y me disponía a subir a tocar ma guitarra cuando Nerea me retuvo por el brazo. 
-Oye, esta tarde vamos a ir de compras, ¿te vienes?
Siempre decía que sí; me encanta la ropa. Pero había quedado con Harry. 
-No me apetece mucho.
-¿Que no te apetece? ¿Dónde has escondido a Blanca?
-He dicho que no me apetece, ¿es tan raro?
-Venga en serio.
-Hablo muy en serio. Tenemos muchos años.
-Pero...
Subí a mi cuarto. La verdad, una parte de mí me decía que fuera y dejara a Harry para otro día, pero no, había quedado, en realidad me apetecía verle.
Me tiré en mi cama y me puse los auriculares, saqué el libro de "Los Juegos Del Hambre" y empezé a leer...



-¡Blanca cuidado que viene Cato!-no, no habían dicho eso... Volví a la realidad. Era Camila.
-Blanca, ¿seguro que no vienes? 
Espera,  ¿ya es por la tarde? ¿Tanto tiempo he leído? 
-¿Ya os vais?
-Bueno, vamos a comer por allí y luego ya a comprar...
-No. No voy, de verdad...
-¿Qué escondes? 
-¿Por qué dices eso?
-Venga, di...
-Nada.
-Bueno, te libras por unas horas, pero te lo sacaré...
-Lo que tu digas-repliqué, orgullosa.
Salieron de la casa y decidí proponer a Harry ir a comer mientras caminábamos, así habría más tiempo, y si mis amigas volvían a casa pronto, ya habríamos visto la ciudad.
Le mandé un Whats App, y contestó en seguida.
"Vale, buen plan, te recojo en quince minutos y nos vamos".
Me apetecía verle, la verdad, había sido muy majo...<<Invito yo. Por los bollos>> pensé. Eran buenísimos esos bollos...
Sonó el timbre y bajé corriendo a abrir. Allí estaba, con una gran sonrisa, esperando. 
-Hola, dame un minuto y salgo.
-Claro, española.
Solté una risilla y fui a por mi bolso. Revisé que tenía todo: el dinero, el móvil, las llaves y la cámara; y salí de la casa.
Fuimos a un restaurante de comida para llevar y anduvimos por el centro. Harry me contaba sobre todos los edificios, subimos al London Eye e hicimos muchas fotos, y le invité también a un helado. Yo de dulce de leche y él de vainilla.
Se me pasó volando el tiempo, y cuando me dí cuenta ya eran las nueve casi. Me despedí de Harry y salí a toda prisa hacia la residencia, esperando que mis amigas no hubieran llegado todavía. No hubo suerte.
Abrí la puerta y me encontré con la cara interrogante de Nerea. Camila sonreía pícara, detrás. 
-Me voy a ordenar mi ropa...-dije, evasiva, al abrirme paso entre ellas.
-Ah no...
-Sí. 
Me deshice de ellas y me encerré en mi cuarto. No sabía por qué, pero no me apetecía decirles lo de Harry. 








sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo 2


Al dìa siguiente nos levantamos temprano,  sacamos las cosas y empezamos a ordenar. Hicimos una pausa a las doce, pusimos música que yo traje y canté y Lucía bailó. Comimos a las dos y media y a las ocho todo estaba en orden. Incluso había metido toda la ropa en los armarios.
Noe:
 Nerea:

Camila:

Lucía:
Yo:
Además,  había colocado la figura de la paloma que compré en el aeropuerto en mi escritorio.
Me cambié la ropa porque, la verdad, había sudado bastante, y bajé al salón. Todas estaban allí, hablando.
-Blanca, decíamos de ir a comer a algún sitio-me anunció Nerea.
-Me parece genial, creo que nos lo merecemos.
-¡Eso digo yo!-afirmó Lucía, sonriendo.
Cojí mi móvil, una chaqueta, dinero y mi cámara réflex. Lucía cogió también la suya, y salimos a ver Londres. Primero pidimos permiso para salir, claro, y nos dijeron que teníamos que estar de vuelta a las once.
Noe nos recomendó ir a Nando's, y aceptamos. Había ido un par de veces y me había encantado. Por el camino hicimos muchas fotos, a Lucía y a mí nos encantaba la fotografía.
Llegamos a un Nando's del centro y pidimos la comida:
Nerea una hamburguesa de pollo, Lucía pollo con patatas, Noe y Camila pollo con puré de patatas y yo una ensalada de pollo caramelizado.
Hablamos tanto que al final nos quedamos sin tema, por lo que hicimos más fotos, que subiríamos  Twitter y a Tuenti. La verdad, estas chicas eran geniales.
Llegamos por los pelos a tiempo a la residencia y, agotadas, nos fuimos a la cama. Me dormí con los auriculares puestos.

-Blanca, Blanca, levanta ya-oí la voz de Camila, cerca de mi oído.
-¿Qué hora es?
-Las once, despierta.
-Oh, sí que he dormido-dije, levantándome.
-Venga, baja en seguida, ¿eh?
-Sí, sí...
Miré por la ventana y decidí ponerme unas medias bajo los pantalones cortos.
Me colgué un collar y bajé. Noelia y Camila estaban en la cocina.
-Blanca-me dijo Noe-. ¿Podrías ir a por algo de la panadería que os mostré ayer al salir?
-Claro, y además, invito yo.
Noelia me sonrió, queriendo decir : <<Te devolveré el favor>>, y supe que algún día seríamos inseparables. Me puse los cascos y recorrí en quince minutos el camino a pa panadería. Había cola, por lo que no me quité los cascos...
-¿Hola?-dijo alguinen, y me dí cuenta de que estaba cantando.
-Ah... perdona... qué tonta soy... -murmuré, roja.
Alzé la cabeza y vi a un chico de más o menos mi edad, ojos verdes y pelo rizado. Cuando sonreía un hoyuelo se marcaba en su mejilla... Y me miraba de una forma...



-¿Sí?
-Eh... esto...-titubeé, embobada-¿Qué tenéis? Soy nueva aquí y...
-¿A sí, de dónde?
-De Madrid, aunque me mudé aquí hace un tiempo ya...
-¿Y no conoces Londres?-,e preguntó, asombrado.
-Bueno, he estado un par de veces... lo siento-me sentía culpable.
Él se rió.
-No tienes por qué disculparte. ¿Bollos, pan, galletas...?
-Pues...
-¿Qué te parece esto?-me preguntó, mostrandome un pan redondo, con unos bonitos cortes en la corteza- Está recién hecho.
-Me parece genial, tiene muy buena pinta, gracias.
Me rebajó el precio, aunque insistí en que no lo hiciera.
Iba a salir ya de la panadería cuando su voz me retuvo:
-Ey, toma estos bollos. Regalo de la casa-esbozó una enorme sonrisa.
-No, de verdad, habrá costado hacerlos...
-Creo que estos bollos nacieron para que te los regalara.
Sacudí la cabeza.
-Yo quiero que los cojas.
-No, no...
-Yo te obligo-insistió, acercándose. Se me paró a escasos centímetros, y me hizo alzar la cabeza.
-Fueron hechos para tí...
-Pero...
-Shht-interrumpió, poniendo su dedo sobre mis labios, y metiendo la bandeja en mi bolso.
-Por cierto, soy Harry.
-Yo Blanca.
Entró un hombre y Harry le atendió. Aproveché para irme, confusa.

-Hola, chicas-saludé, entrando por la puerta.
-¡Blanca! Ya era hora, tardona...-me dijo Lucía, riendo.
Preparé los bollos, unas rebanadas de pan, bacon, huevos y queso y jamón, además de cacao, con Noe, y tomamos un Brunch. No les conté lo de Harry.

-¿Qué hacemos hoy?-me preguntó Noe, mientras estábamos tumbadas en los sofás. Camila estaban recogiendo; les tocaba. Y Lucía dormía.
-Pues... no sé, querría aparender a hacer skate pero...
-¡Skate! Yo sé, te puedo ayudar.
-¿En serio?
-Claro, vamos ahora mismo.
Salimos de casa con los skates, el movil, las llaves y algo de dinero, y nos dirijimos a una plaza no muy lejana.
Noe:

Yo:

Ambas
Estuvimos practicando un par de horas, pero hacía poco que había montado por primera vez, y me caía todo el tiempo, loq eu hacía que a Noelia le dieran ataques de risa de vez en cuando.
De pronto alguien me tocó el hombro.
-Hola, guapa-dijo, en castellano.
-¡Harry!
-¿Harry?-me preguntó Noe.
-Hola, me llamo así, sí, ¿tú quién eres?
-Eso te lo pregunto yo a tí.
-Harry.
-Qué gracioso-comentó mi amiga, irónica.
-La conocí en la panadería-se ensogió de hombros.
Noelia me miró, exigente, pero le hice caso omiso.
-Blanca-se dirigió hacia mí.
-Dime.
-Bueno, ya que eres nueva en la ciudad... se me ocurrió intercambiar números, por si acaso.
-Claro, tengo papel, si tienes un boli...
-Aquí-me dijo, tendiéndomelo.
Le escribí el número, y se fue, Noe y yo nos fuimos en seguida también.

-Y resulta que Blanca conoció a un chico guapo y...
-¡No me gusta!-estallé.
-Ya, ya... Cuéntale eso a otra...
-¡Noe!No me conoces casi. Ala, me voy-le espeté, y me levanté de la mesa.
Subí a mi cuarto y me tumbé en el suelo, pero al cerrar los ojos sólo pensaba en Harry... <<Blanca, ya>>. Había notado cómo me subían los colores cuando Noe había hablado, y eso no me pasaba siempre, pero... No, no me gustaba, no, me negaba. Vale, era guapo, y majo, pero nada más. Noelia inventaba cosas...
Decidí abrir el Whats App, y hablar con las de Madrid, eso me relajaría, y también me puse los cascos.
Hablé hasta las doce, cuando apagué la luz, y me dormí.
 *Narra Harry*
Era tarde, pero había ido a comprar, y ahora caminaba en dirección a casa. Pensaba en Blanca, sentía ganas de llamarla en ese instante, pero me tenía que resistir, ella estaría durmiendo... ¡Pum! Me choqué contra alguien.
-¡Harry!
-¡Lou!
-¿En qué pensabas?
-Yo... en nada, ¿por qué?
-Venga ya... ¿Cómo es ella?
No le podía esconder nada, así que decidí contarle todo.
-Llámala en unos días...
-Sí, esperaré, tranquilo.
Louis empezó a alejarse, hacia su casa.
-Una cosa.
-¿Sí?-se volvió.
-No me gusta.
Enarcó una ceja.


























miércoles, 24 de julio de 2013

Capítlo 1~


Cuando llegué a la residencia, mi corazón se aceleró. Había casas de dos pisos, de uno, con piscina, áticos, pisos pequeños... Temía que a mí me tocara uno de esos pisos, parecían muy deprimentes, la verdad.

Pero el hombre que me había guiado desde mi entrada en la zona residencial se paró ante una casa de dos pisos, con una azotea. Mi cara se iluminó.


-Hemos llegado-anunció-. Compartirás la casa con algunas alumnas más.

-Genial-dije, emocionada. Esto era mucho mejor de lo que podía imaginar. Esa casa era una de las mejores de la residencia.

Entré por la puerta, seguida del hombre, que llevaba una de mis maletas. Crucé los dedos, deseando que las chicas que compartieran conmigo fueran majas.

La primera estancia era una gran cocina con comedor. Me percaté de que ya estaba algo decorada, y había libros en una pequeña estantería junto a la mesa de cristal.

En la cocina había una chica, haciendo la comida, deduje. Un moño recogía su pelo castaño con mechas rubias. Era bajita, y noté una marca en su brazo izquierdo.

-Hola-saludé.

Se giró al oírme. Tenía los ojos marrones, pecas y sonreía. Lo consideré buena señal.

-Hola, tú eres Blanca, ¿no?

-Eh, sí. ¿Cómo lo sabes?

-Bueno, ya llegaron las otras tres-se rió-. Así que tú tenías que ser Blanca, porque es la única que no había llegado.

Sonreí.

-Pues, voy a dejar las maletas arriba, supongo que mi cuarto será el vacío...

-Ya te ayudo yo con la maleta, así no entretenemos a gente no necesaria.

El hombre que me había guiado se fue, y la chica cogió la maleta que yo no podía llevar.

-Por cierto, me llamo Noelia, pero llámame Noe.

-Vale. Iba a presentarme, pero ya sabes mi nombre, por lo visto.

Reímos.

Llegamos al piso de arriba, donde había cinco cuartos y dos baños, además de la salida al ático.

Una chica rubia salió de uno de los cuartos. Me resultó conocida, y entonces caí.

-¡Lucía!

-¿Blanca? Otra casualidad.

Noe me mostró mi cuarto, era más amplio de lo que había imaginado.

-Tus cosas están en la azotea, por cierto.

-Ah, genial, iré a buscarlas...

-Espera-me detuvo ella-. Había pensado en que podríamos cenar antes, porque la comida está lista.

Asentí, conforme, y bajamos de nuevo. Lucía había puesto la mesa, y esperaba, moviéndose todo el rato. Parecía nerviosa.

-¿Lucía, dónde están las otras?-quiso saber Noe.

-Pues Camila está en el salón, y Nerea vendrá ahora, digo yo.

<<¿Camila y Nerea?>> pensé, emocionada. ¿Sería posible que mis amigas vivieran conmigo? Esto me empieza a encantar de verdad.

-¿Alguien hablaba de...?-dice alguien, y su voz es clavada a la de Camila- ¡Blanca!

-¡Cami!-salgo corriendo a abrazarla. Noe y Lucía nos miran, extrañadas.

-¿Os conocíais?-pregunta Lucía.

-Sí, nos conocemos desde pequeñas. Vivíamos en el mismo pueblo aquí en Inglaterra y antes de eso en Madrid.

-Vaya, qué suerte.

-Blanca, Nerea también vive con nosotras.

-Lo suponía, aunque no es la única Nerea, al nombraros a las dos, pensé que seríais vosotras.

-Ella tenía un poco de miedo de venir a Londres, ya que sabe menos inglés que nosotras, que hemos vivido aquí. Pero ha aprendido mucho, en serio.

-En ese momento caigo en que Noe también me ha hablado en español, y no en inglés.

-Noelia, ¿eres española?

-Bueno, yo nunca he vivido allí, pero mi padre siempre me habla en español, porque es de allí. Y mi madre es mitad española.

Me río.

-Supongo que entre nosotras podremos hablar en español, por lo menos de vez en cuando, dado que el inglés no se nos va a olvidar... Pero el español puede que sí.

Sonreímos, y nos sentamos a comer. Noe ha hecho arroz tres delicias, y tengo que admitir que está muy bueno, mejor que el de mi madre. En ese momento, me acuerdo de mis mascotas, todavía en los transportines.

-Chicas...

En ese momento entró Nerea en la casa. Me ve, y salió corriendo.

-¡Blanca! Camila y yo intentando averiguar cómo sería la quinta ocupante de la casa, pero no pensamos en ti.

-Me alegro mucho de verte. No nos vimos en España.

-Estaba aquí, por eso.

-Debes haber aprendido mejor el inglés entonces.

-Pues sí.

Me reí, y se sentó a comer.

-Bueno, quería deciros que tengo un gato y un perro...

-¡Ay! ¿Cómo son?-preguntó Nerea- Yo tengo dos perros.

-¿Desde cuándo?-quise saber.

-Desde principios de este año-respondió, alegre.

-No los metimos en la casa por si a la quinta ocupante le molestaba...

-Pues no me molesta.

-Ya, ahora lo sabemos-dijo Nerea, levantándose-. Voy a meterlos en la casa, están en el jardín trasero.

-Bueno, yo soltaré a la mía... Por cierto, ¿tus perros aguantarán a Kevin?

-¿Kevin?-preguntaron todas.

-Sí, es mi gato...

-No sé, son jóvenes...

-Bueno, lo dejaré en mi cuarto, y ya les acostumbraremos...

-Lo siento...

-No pasa nada, cielo.

Subí a mi cuarto, y saqué a Aisha y a Kevin del transportín, luego bajé con el perro, y dejé a Kevin en el cuarto, apenada. Llevaba todo el viaje sin moverse, y ahora sólo podría estar en un cuarto.

Aisha se puso en seguida a oler todo, y levantó las orejas y ladró al ver a los dos perros de Nerea. Eran rottweilers.

-Oh, que preciosidad-exclamó mi amiga, y fue a acariciar a Aisha.

Volvimos a la mesa, y terminamos de comer. Acordamos terminar de amueblar y decorar la casa al día siguiente. Si nos sobraba tiempo, iríamos a ver la ciudad, guiadas por Noelia.

 

Esa noche me fui a la cama feliz. Pero me sentía extraña; el cuarto sólo tenía la cama, porque era lo único que habíamos sacado. Aun así, no tardé en dormirme. Los viajes me agotaban. Soñé con palomas que volaban hacia la luz... Y alcanzaban sus sueños, mostrándome mi futuro... siendo cantante, con una persona con la que tenía una familia a mi lado en todo...

 

 

 

 

Prólogo~


Cerré la enorme maleta, y sonreí. Volvía a Inglaterra, pero esta vez a Londres, a la academia superior de Jeremy´s College. Era una institución nueva, pero con mucha fama y prestigiosa. Y yo había conseguido becas para entrar en ella. Me matricularía en música.

Pero no iba sola; mis amigas Nerea y Camila también entraban.

Llevaba ya unos años viviendo en un pueblo de Inglaterra cerca de Holmes Chapel, pero no había ido mucho a Londres, y la idea de vivir allí me gustaba mucho. La academia tenía una zona de viviendas de los alumnos; yo viviría allí, seguramente con mis amigas.

Revisé rápidamente mi bolso de mano, y asentí; tenía todo. Luego fui al salón, para despedirme de mis padres, que estaban viendo la tele. Se volvieron hacia mí, y creí ver lágrimas en los ojos de mi madre. Sacudí la cabeza, sinceramente, no creía que les fuera a echar mucho de menos. Aun así, les abracé.

-Recuerda llamarnos de vez en cuando-me dijo mi madre. Puse los ojos en blanco.

-Y ten cuidado con todo-añadió mi padre.

-Que si... Ya no tengo cinco años, ¿sabéis?

-Pero eres joven...

-Bueno, me tengo que ir ya-replico, bruscamente-. ¡Aisha! ¡Ven aquí! ¡Aisha!

Mi perrita apareció por la puerta del cuarto de mis padres, levantando graciosamente las patas. Luego se tumbó, y se quedó mirándome.


Cogí el transportín donde iba mi gato, Kevin, y salí de casa.

 Un taxi esperaba ante la puerta de la casa donde pasaba las vacaciones, en Madrid.

Dejé las maletas en el maletero, y subí al coche.

-A Barajas-le dije al conductor.

Durante el camino pensaba en que si mis muebles y trastos habrían llegado ya a Londres; los habíamos enviado antes con un servicio de mudanzas.

El viaje hasta barajas se me hizo corto, porque tenía la mente puesta en lo que haría en Londres, en qué sitios tenía que visitar, y qué comida probar. Había tantas cosas que quería hacer... También me imaginaba de mil maneras la residencia de estudiantes... Esperaba que tuviera una casa y no un piso, pero no me hacía muchas ilusiones.

El taxi llegó a la terminal cuatro, de donde salía mi vuelo. Miré mi reloj; eran las cuatro de la tarde, y mi vuelo salí a las seis y media. Mis padres habían insistido en que viniera mucho antes al aeropuerto, y ahora tenía tiempo de sobra. Dejé mis maletas en unas taquillas, y me fui a dar una vuelta por Barajas. Los aeropuertos parecen centros comerciales, por lo menos los grandes; hay tiendas y bares por doquier. Noté que tenía hambre, y entré en un Rodilla. Me senté en una mesa apartada, y pedí un batido de frutas y un sándwich mixto. Me gusta el sabor del sándwich mixto, aunque sea tan básico.

No tardé mucho en comer, pagué y salí. Me pasé los cuarenta minutos siguientes mirando escaparates. Además, compré una colonia  pequeña de coco, y un jabón de pastilla de chocolate. Sabía que no podía llevar mucho líquido al avión; no antes de pasar los controles. Finalmente, me decidí a ir ya a la zona de control.

Me dejaron pasar de milagro con la colonia, que rozaba el límite de mililitros permitidos. Tras el control había más tiendas y restaurantes. Como no tenía nada mejor que hacer, decidí seguir ojeando. Vi una curiosa tiendecita  decidí entrar. Allí todo era de palomas: peluches, llaveros, inciensos con forma de paloma, relojes, diarios, caramelos, cucharas, platos...

<<Qué raro>> pensé, divertida.

Vi algo que me gustó: era un divertido muñequito en forma de paloma, muy mono. Lo cogí, y le pregunté a la vendedora, una anciana pequeña y encorvada, cuánto costaba. Pagué los cinco euros y me dirigí a la salida, cuando la anciana me retuvo.

-Mira, mira esto hija...

Me volví, y me acerqué a ella. Tenía un collar en las manos. También tenía forma de paloma, una paloma alzando el vuelo, pero era de un curioso color plata que cambiaba según cómo le daba la luz. Tenía algo que me atraía...


-¿Si?

-Es un amuleto. Las palomas traen buena suerte...

Parpadeé, confusa, era la primera vez que alguien me decía que las palomas traen buena suerte.

-La gente las considera sucias y con enfermedades, porque viven en la ciudad, pero las palomas, como eran antes, salvajes y libres, son muy bonitas, y traen buena suerte.

-¿A sí?-dije yo, interesada. La forma en la que hablaba la mujer me cautivaba.

-Tú vas a necesitar suerte, si vas a un país extraño a estudiar...

-Espere, ¿cómo sabe que voy a estudiar a otro país? Y no es un país extraño...

-Bueno, bueno pero empiezas algo nuevo, lo veo en tus ojos...

Me llevé las manos a los ojos, tontamente.

-Y ¿cuánto cuesta?-mi boca habló por sí sola.

-Oh, no te costará nada, chiquilla. Te lo regalo, con la condición de que siempre lo lleves puesto-sonríe ella, poniéndome el collar en el cuello.

-Eh... gracias... ¿seguro que no quiere que pague?

-No, no hay ningún problema...

Entonces Kevin maulló desde el transportín, y la anciana clavó sus ojos en mí, parecía enfadada de pronto.

-¿Es eso... un gato?-en su voz había un tono amenazador, y retrocedí-¿Cómo traes un monstruo como ese a mi tienda? Es un desprecio hacia las bellas palomas... Vete, vete antes de que ese monstruo maldiga todo.

Había alzado la voz, y me asusté. Salí rápido de esa tienda, y me alejé tan rápido como pude. Me extrañaba esa anciana... primero me regala un bonito collar para que tengo buena suerte... y luego me echa.

Miré de nuevo el collar, y sí que era bonito; parecía que la paloma volaba cada vez más alto, alcanzando su meta sin caer. Sentí una cálida emoción por dentro y seguí mi camino hacia las taquillas, con la mano todavía cerrada sobre el collar...

 

Estaba sentada en mi asiento en el avión, esperando a que despegáramos. Entonces llegó la ocupante de mi asiento contiguo. Era una chica rubia y alta, que llevaba un colorido bolso y un sombrero de paja. Se sentó, sonriente, y me pregunté si iría también a estudiar a Inglaterra, y que si casualmente estaría en mi academia.

Parecía maja, y mis ganas de conocerla aumentaban a cada momento, pero soy tímida para esas cosas, por lo que deseaba que ella empezara a hablarme.

Cerré los ojos cundo el avión se puso en movimiento, y sentí que mi miedo afloraba cuando despegó. Odio volar en avión, sobre todo odio el despegue. Tengo la sensación de estar cayendo hacia abajo... Me aferré al reposabrazos de mi asiento, pero me encontré con algo caliente, una mano.

Abrí los ojos un segundo, tiesa, y vi que era la mano de la chica rubia.

-Perdona... lo siento.

Pero ella se rió, y me sonrió, amistosa.

-No pasa nada, yo también tengo miedo a los aviones, ¿sabes?

-Supongo que es lógico, dado que no somos pájaros por naturaleza...

Las dos estallamos en carcajadas.

Hasta que el avión no se estabilizó, estuvimos calladas. Pero cuando ya estaba a la máxima altura, ella me empezó a hablar, y yo, encantada, saqué mi modo hablador, la verdad es que ella era muy amable, y divertida.  Se llamaba Lucía.

-¿Y para qué vas a Inglaterra?-me preguntó.

-He conseguido plaza y becas en una academia. La academia superior Jeremy´s College.

-¿Jeremy´s College? Sabes, yo también voy allí. Qué casualidad.

Se me iluminó la cara con una sonrisa.

-Genial, nos veremos más a menudo entonces.

-¿Y, en qué te vas a matricular?

-En música, quiero ser cantante.

-Yo en periodismo.

-¿Quieres ser periodista no?

-Claro, y lo seré. Aunque también me encanta bailar, y estoy empezando a tocar la guitarra.

-Yo toco la guitarra, si quieres puedo enseñarte algún día.

-¿En serio? Genial. ¿Eres interna?

-Sí-sonreí.

-Vaya yo también.

Seguimos hablando durante todo el camino, y me di cuenta de que se me parecía un poco, además, tenía mi edad. Bueno, era unos meses mayor, pero eso era porque yo los cumplo en año nuevo... Me alegraba mucho de tener una nueva amiga, y tan pronto.

Lucía me dijo que tenía raíces canadienses, y que eso la relacionaba con uno de sus ídolos, Justin Bieber, decía que estaban hechos el uno para el otro... Pero ella era española, de Andalucía. Le dije que yo cuando vivía en España, solía veranear allí, en Cádiz.

Pasé el resto del viaje sonriendo, contándole cosas y riendo... Lo de ir a Londres empezaba de maravilla.
Cuando vi la silueta de las islas Británicas por la ventanilla, me sentí mejor que nunca antes. Era cierto, empezaba algo nuevo, como había dicho la anciana de la tienda. Apreté el amuleto de la paloma con mi mano.
 

 

 

 

martes, 23 de julio de 2013

Personajes


Nerea:
Una chica bajita, castaña con mechas californianas y de ojos marrones.
Es risueña, y siempre está riéndose por todo, aunque por dentro se esté partiendo del dolor. Es extrovertida, siempre oculta sus sentimientos bajo las sonrisas. Aun así, es cariñosa y se preocupa por los demás.
Le gusta tocar la guitarra y bailar. Sueña con ser actriz o cantante, pero dice que su voz no vale y sus posibilidades de llegar a ser actriz son mínimas, porque vive en un lugar muy pequeño. Por eso se plantea ser profesora de primaria o psicóloga.
Tiene dos rotweilers tan cariñosos como ella, llamados Rex y Mina. Cumple los dieciséis el último día de septiembre.

Camila:
Una chica de estatura normal, bastante delgada y de pelo castaño, ondulado y largo, y ojos verdes.
Ha empezado hace poco a tocar la guitarra, y le gusta escuchar música.
Es amable, tímida y cariñosa, pero cuando alguien se mete con sus amigos, saca su lado borde y fuerte.
Sueña con ser modelo y quiere estudiar ingeniería.
Le encanta llevar pantalones apretados y bolsos. Ama los bolsos. Cumple dieciséis en octubre.


Lucía:
Alta, ni delgada ni gordita, es rubia de ojos verdes. Su apellido, Mari, es de procedencia canadiense, de lo que está muy orgullosa.
Es simpática y positiva, aunque también es humilde y está loca si la conoces bien. Despreocupada para algunas cosas y vergonzosa para otras, cuando se propone algo, lo consigue.
Odia fallar a la gente o hacer sentir mal. Dice que no le importa lo que digan de ella, pero le importa mucho. Y es mejor no hacerla enfadar.
Odia estar triste o enfadada, y por eso siempre sonríe.
Habla mucho, pero se calla si algo la preocupa.
Le encanta la música, y está empezando con la guitarra. Le gusta bailar, y lo hace a todas horas; no para quieta.
Su grupo favorito es The Script y tiene dos ídolos: Ed Sheeran y Justin Bieber.
Ama los animales, aunque tiene fobia a las arañas, y se adapta fácilmente. Es hermana mediana.
Cuando se descontrola es capaz de gritar cualquier cosa que se le pase por la cabeza. Quiere ser periodista, y le encanta la fotografía. Tiene dieciséis años.


Noelia, Noe:
Bajita, normal, ni gorda ni falca. Su pelo es castaño con algo de rubio, liso y largo. Tiene una marca de nacimiento en el brazo izquierdo y quiere tatuarse el símbolo del Ying Y el Yang. Le encantan las vans, las converse, los shorts, las gorras y los zapatos altos. Le encanta reírse, y es soñadora. Defiende a la gente que le importa y se enfada por tonterías. Aun así, tiene sentido del humor. Le gusta el skate, bailar y cantar, y opina que no lo hace bien. Sus ojos son marrones y lleva aparato dental pero pronto se lo quitarán. Lleva lentillas. Tiene dieciséis años.

Yo, Blanca:
Alta y delgada. Soy rubia y tengo los ojos verdes grisáceos. Mi pelo es liso, fino y largo. Me encanta cantar y tocar la guitarra, además de componer canciones y escribir. Quiero matricularme en música en la universidad, y sueño con ser cantante. Me encanta leer y escuchar música, y soy muy sensible.
Soy amable y cariñosa, pero si me hacen enfadar, puedo llegar a ser muy borde, y hacer daño a la gente, descargando toda mi rabia. Me da miedo expresar mis sentimientos, y confío sólo en los amigos de verdad. Necesito apoyo y cariño para no desplomarme. Al principio parezco tímida, callada y seria, pero cuando confío en alguien, me suelto y estoy muy loca. Me tomo las cosas en serio, y las pienso dos veces antes de ponerme manos a la obra, porque para mí lo peor es arrepentirme. Me preocupo fácilmente, y siempre quiero ayudar, para no sentirme culpable. Quiero ser una de esas personas a las que no les importa lo que piensen de ellas, pero simplemente no lo soy. Me parece frustrante estar deprimida o triste, y me vuelvo arisca. Me exijo demasiado, y eso me daña.
Quiero tener a una persona que me de cariño, y me haga reír a menudo. Que me sepa animar, y hacerme reír. Alguien en quien pueda confiar. Quiero formar una familia feliz, y cantar junto a esa persona especial.
Me gustan los animales, y tengo un gato llamado Kevin y una perrita llamada Aisha.

Entre mis hobbies está nadar, jugar al bádminton y al pádel, escribir y escuchar música. Soy incapaz de vivir sin música. Me encantan las vans y las converse y me gustaría aprender a hacer skate. Me encantan los pantalones cortos vaqueros y las camisetas ligeras y sueltas. Soy muy calurosa. Voy a cumplir diecéis años el 31 de diciembre, y soy muy soñadora.