El tono estridente del whats app me despertó, y me dije que debía cambiarlo. Era un número desconocido que decía que era Harry, por lo que contesté.
Me había preguntado si me enseñaba la ciudad esa tarde, y yo le dije:
"Claro, pásate sobre las seis por mi casa" y le puse la dirección.
Me vestí con ropa fresca, ya que parecía que haría calor.
Aparté los tacones que mi madre había comprado con el conjunto y me puse unas sandalias marrones. Odiaba los tacones. Bajé a desayunar. Tomé algo ligero; no tenía mucha hambre y me disponía a subir a tocar ma guitarra cuando Nerea me retuvo por el brazo.
-Oye, esta tarde vamos a ir de compras, ¿te vienes?
Siempre decía que sí; me encanta la ropa. Pero había quedado con Harry.
-No me apetece mucho.
-¿Que no te apetece? ¿Dónde has escondido a Blanca?
-He dicho que no me apetece, ¿es tan raro?
-Venga en serio.
-Hablo muy en serio. Tenemos muchos años.
-Pero...
Subí a mi cuarto. La verdad, una parte de mí me decía que fuera y dejara a Harry para otro día, pero no, había quedado, en realidad me apetecía verle.
Me tiré en mi cama y me puse los auriculares, saqué el libro de "Los Juegos Del Hambre" y empezé a leer...
-¡Blanca cuidado que viene Cato!-no, no habían dicho eso... Volví a la realidad. Era Camila.
-Blanca, ¿seguro que no vienes?
Espera, ¿ya es por la tarde? ¿Tanto tiempo he leído?
-¿Ya os vais?
-Bueno, vamos a comer por allí y luego ya a comprar...
-No. No voy, de verdad...
-¿Qué escondes?
-¿Por qué dices eso?
-Venga, di...
-Nada.
-Bueno, te libras por unas horas, pero te lo sacaré...
-Lo que tu digas-repliqué, orgullosa.
Salieron de la casa y decidí proponer a Harry ir a comer mientras caminábamos, así habría más tiempo, y si mis amigas volvían a casa pronto, ya habríamos visto la ciudad.
Le mandé un Whats App, y contestó en seguida.
"Vale, buen plan, te recojo en quince minutos y nos vamos".
Me apetecía verle, la verdad, había sido muy majo...<<Invito yo. Por los bollos>> pensé. Eran buenísimos esos bollos...
Sonó el timbre y bajé corriendo a abrir. Allí estaba, con una gran sonrisa, esperando.
-Hola, dame un minuto y salgo.
-Claro, española.
Solté una risilla y fui a por mi bolso. Revisé que tenía todo: el dinero, el móvil, las llaves y la cámara; y salí de la casa.
Fuimos a un restaurante de comida para llevar y anduvimos por el centro. Harry me contaba sobre todos los edificios, subimos al London Eye e hicimos muchas fotos, y le invité también a un helado. Yo de dulce de leche y él de vainilla.
Se me pasó volando el tiempo, y cuando me dí cuenta ya eran las nueve casi. Me despedí de Harry y salí a toda prisa hacia la residencia, esperando que mis amigas no hubieran llegado todavía. No hubo suerte.
Abrí la puerta y me encontré con la cara interrogante de Nerea. Camila sonreía pícara, detrás.
-Me voy a ordenar mi ropa...-dije, evasiva, al abrirme paso entre ellas.
-Ah no...
-Sí.
Me deshice de ellas y me encerré en mi cuarto. No sabía por qué, pero no me apetecía decirles lo de Harry.


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