Cuando llegué a la residencia, mi corazón se aceleró. Había
casas de dos pisos, de uno, con piscina, áticos, pisos pequeños... Temía que a
mí me tocara uno de esos pisos, parecían muy deprimentes, la verdad.
Pero el hombre que me había guiado desde mi entrada en la
zona residencial se paró ante una casa de dos pisos, con una azotea. Mi cara se
iluminó.
-Hemos llegado-anunció-. Compartirás la casa con algunas
alumnas más.
-Genial-dije, emocionada. Esto era mucho mejor de lo que
podía imaginar. Esa casa era una de las mejores de la residencia.
Entré por la puerta, seguida del hombre, que llevaba una de
mis maletas. Crucé los dedos, deseando que las chicas que compartieran conmigo
fueran majas.
La primera estancia era una gran cocina con comedor. Me
percaté de que ya estaba algo decorada, y había libros en una pequeña
estantería junto a la mesa de cristal.
En la cocina había una chica, haciendo la comida, deduje. Un
moño recogía su pelo castaño con mechas rubias. Era bajita, y noté una marca en
su brazo izquierdo.
-Hola-saludé.
Se giró al oírme. Tenía los ojos marrones, pecas y sonreía.
Lo consideré buena señal.
-Hola, tú eres Blanca, ¿no?
-Eh, sí. ¿Cómo lo sabes?
-Bueno, ya llegaron las otras tres-se rió-. Así que tú
tenías que ser Blanca, porque es la única que no había llegado.
Sonreí.
-Pues, voy a dejar las maletas arriba, supongo que mi cuarto
será el vacío...
-Ya te ayudo yo con la maleta, así no entretenemos a gente
no necesaria.
El hombre que me había guiado se fue, y la chica cogió la
maleta que yo no podía llevar.
-Por cierto, me llamo Noelia, pero llámame Noe.
-Vale. Iba a presentarme, pero ya sabes mi nombre, por lo
visto.
Reímos.
Llegamos al piso de arriba, donde había cinco cuartos y dos
baños, además de la salida al ático.
Una chica rubia salió de uno de los cuartos. Me resultó
conocida, y entonces caí.
-¡Lucía!
-¿Blanca? Otra casualidad.
Noe me mostró mi cuarto, era más amplio de lo que había
imaginado.
-Tus cosas están en la azotea, por cierto.
-Ah, genial, iré a buscarlas...
-Espera-me detuvo ella-. Había pensado en que podríamos
cenar antes, porque la comida está lista.
Asentí, conforme, y bajamos de nuevo. Lucía había puesto la
mesa, y esperaba, moviéndose todo el rato. Parecía nerviosa.
-¿Lucía, dónde están las otras?-quiso saber Noe.
-Pues Camila está en el salón, y Nerea vendrá ahora, digo
yo.
<<¿Camila y Nerea?>> pensé, emocionada. ¿Sería
posible que mis amigas vivieran conmigo? Esto me empieza a encantar de verdad.
-¿Alguien hablaba de...?-dice alguien, y su voz es clavada a
la de Camila- ¡Blanca!
-¡Cami!-salgo corriendo a abrazarla. Noe y Lucía nos miran,
extrañadas.
-¿Os conocíais?-pregunta Lucía.
-Sí, nos conocemos desde pequeñas. Vivíamos en el mismo
pueblo aquí en Inglaterra y antes de eso en Madrid.
-Vaya, qué suerte.
-Blanca, Nerea también vive con nosotras.
-Lo suponía, aunque no es la única Nerea, al nombraros a las
dos, pensé que seríais vosotras.
-Ella tenía un poco de miedo de venir a Londres, ya que sabe
menos inglés que nosotras, que hemos vivido aquí. Pero ha aprendido mucho, en
serio.
-En ese momento caigo en que Noe también me ha hablado en
español, y no en inglés.
-Noelia, ¿eres española?
-Bueno, yo nunca he vivido allí, pero mi padre siempre me
habla en español, porque es de allí. Y mi madre es mitad española.
Me río.
-Supongo que entre nosotras podremos hablar en español, por
lo menos de vez en cuando, dado que el inglés no se nos va a olvidar... Pero el
español puede que sí.
Sonreímos, y nos sentamos a comer. Noe ha hecho arroz tres
delicias, y tengo que admitir que está muy bueno, mejor que el de mi madre. En
ese momento, me acuerdo de mis mascotas, todavía en los transportines.
-Chicas...
En ese momento entró Nerea en la casa. Me ve, y salió
corriendo.
-¡Blanca! Camila y yo intentando averiguar cómo sería la
quinta ocupante de la casa, pero no pensamos en ti.
-Me alegro mucho de verte. No nos vimos en España.
-Estaba aquí, por eso.
-Debes haber aprendido mejor el inglés entonces.
-Pues sí.
Me reí, y se sentó a comer.
-Bueno, quería deciros que tengo un gato y un perro...
-¡Ay! ¿Cómo son?-preguntó Nerea- Yo tengo dos perros.
-¿Desde cuándo?-quise saber.
-Desde principios de este año-respondió, alegre.
-No los metimos en la casa por si a la quinta ocupante le
molestaba...
-Pues no me molesta.
-Ya, ahora lo sabemos-dijo Nerea, levantándose-. Voy a meterlos
en la casa, están en el jardín trasero.
-Bueno, yo soltaré a la mía... Por cierto, ¿tus perros
aguantarán a Kevin?
-¿Kevin?-preguntaron todas.
-Sí, es mi gato...
-No sé, son jóvenes...
-Bueno, lo dejaré en mi cuarto, y ya les acostumbraremos...
-Lo siento...
-No pasa nada, cielo.
Subí a mi cuarto, y saqué a Aisha y a Kevin del transportín,
luego bajé con el perro, y dejé a Kevin en el cuarto, apenada. Llevaba todo el
viaje sin moverse, y ahora sólo podría estar en un cuarto.
Aisha se puso en seguida a oler todo, y levantó las orejas y
ladró al ver a los dos perros de Nerea. Eran rottweilers.
-Oh, que preciosidad-exclamó mi amiga, y fue a acariciar a Aisha.
Volvimos a la mesa, y terminamos de comer. Acordamos
terminar de amueblar y decorar la casa al día siguiente. Si nos sobraba tiempo,
iríamos a ver la ciudad, guiadas por Noelia.
Esa noche me fui a la cama feliz. Pero me sentía extraña; el
cuarto sólo tenía la cama, porque era lo único que habíamos sacado. Aun así, no
tardé en dormirme. Los viajes me agotaban. Soñé con palomas que volaban hacia
la luz... Y alcanzaban sus sueños, mostrándome mi futuro... siendo cantante,
con una persona con la que tenía una familia a mi lado en todo...

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